Existen diversas formas de llegar al precio de venta de tus productos. La más usada es la de agregar un porcentaje determinado a los costos fijos y variables de la realización del artículo y listo, tendrías tu ganancia y un precio definido. Sin embargo, esta estrategia no toma en cuenta los aspectos intangibles de tu marca.
¿Qué pasa con el tiempo que le dedicas a tu negocio? ¿Dónde entra el valor de tu posicionamiento en el mercado? ¡Eso también debe estar incluido en el precio! Si tu producto comienza a ganar popularidad, el precio puede ser mayor. Este tipo de estrategia de fijación de precios se basa en el valor que tiene tu marca y en los aspectos positivos que aportas a tus clientes. Analiza a tu competencia, averigua qué es eso que tú haces mejor que ellos o qué están pidiendo sus compradores y ofrécelo primero que el resto. Esa diferenciación te permitirá posicionarte como único en el mercado y podrás poner el precio que desees, clientes no te van a faltar.
Sin embargo, ¿cómo puedes hacer que las personas entiendan el valor de tu producto si apenas estás comenzando y casi nadie conoce tu negocio? Lo más recomendable en este caso es que comiences ofreciendo precios bajos, de esta manera permites que un mayor segmento del mercado adquiera tus productos y comiences a ganar popularidad.
Si no quieres ser recordado como “la marca más económica” entonces, una vez que ya seas suficientemente conocido, haz énfasis en los atributos de tu marca, si de verdad cumples con lo que ofreces la gente se inclinará a pagar más por tu producto.
Un truco que impacta de manera inconsciente a las personas es el uso de decimales en los precios, no es lo mismo pagar 5 que pagar 4,99. Igualmente, plantear precios en los que los números sean de pocas sílabas genera bienestar en el cerebro, por ejemplo, pagar veinte es mejor que pagar dieciocho. Es raro, lo sabemos, pero así funciona nuestra mente humana, ¿qué le podemos hacer? Además, también está la estrategia de ofrecer promociones o combos de productos, al estilo de, “1 por 5 $” o “3 por 12 $”, esto genera una sensación de ahorro dentro del cliente que es muy difícil que vaya a dejar pasar.
Otra estrategia para fijar precios es ofreciendo una parte de tu producto o servicio de manera gratuita y luego cobrar por adquirir mejoras. Es lo que ahora se conoce como freemium. El poder de la palabra “gratis” es impresionante y a las personas les encanta poder probar las cosas antes de tener que pagar por ellas. Si ideas una forma de dar una probadita de tu producto sin ofrecerlo completamente, tus potenciales clientes quedarán con ganas de más y, al final, terminarán comprando cualquier cosa que les estés ofreciendo.
Con una buena estrategia de fijación de precios podrás entender claramente cuál es el valor que le estás aportando a tus clientes. Piensa en por qué tu producto es mejor que el de tu competencia, ¿cómo mejoras la vida de las personas? Cuando tengas esa respuesta, explota su significado en todas tus campañas de mercadeo y comenzarás a aumentar tus ventas.
